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Por el Dr. Andrés G. Panasiuk
Director del Depto Hispano de Conceptos Financieros Crown
Al final de una conferencia en tierra mejicana, Jorge y María se me acercaron y me confiaron que tienen tensiones en su matrimonio a causa de su situación económica. Me dijeron que sus salarios no les permiten vivir “dignamente”: Jorge trabajaba como obrero en una compañía de la ciudad y ganaba solamente 5 dólares por día. María también trabajaba y ganaba otro tanto.
Por otro lado, Ignacio y Rosa también se me acercaron esa misma noche. Rosa era la hija del dueño de una empresa importante. Eran muy buenas personas, respetados en su ciudad y en su comunidad de fe; daban donativos con regularidad y ayudaban a los demás cuando podían. Sin embargo, también ellos tenían problemas para controlar su vida económica.
Ignacio me confesó que con las entradas que tenían no les era posible “vivir dignamente”. Cuando indagué, Rosa me contestó que la suma de ambos salarios era de unos 3.000 dólares al mes. Esa noche pensé “si Jorge y María recibieran los 3.000 dólares mensuales que ganan Ignacio y Rosa, se convertirían en la pareja más feliz de la tierra... por los próximos tres años. Lo serían hasta que ellos también se acostumbraran a gastar 3.000 dólares por mes, y entonces ¡tampoco les alcanzaría “para vivir dignamente!”.
Las dos parejas, aunque tenían situaciones económicas diferentes, en realidad tenían el mismo problema: Habían violado los principios bíblicos que podrían haberlos hecho integralmente prósperos en el nivel social que les tocaba vivir.
La diferencia entre llegar a fin de mes y no llegar no se encuentra en la cantidad de dinero que ganamos, sino en la cantidad que gastamos.
La diferencia entre el éxito y el fracaso económico se encuentra primordialmente en controlar de una manera efectiva los gastos que tenemos y no tanto en incrementar nuestras entradas. Para eso, cada uno de nosotros tenemos que tener un “Plan de Control de Gastos”.
Dice el libro de los Proverbios: “Los planes del diligente, ciertamente van a la riqueza, pero todo el que se apresura alocadamente de cierto va a la pobreza” (Proverbios 21:5). No es fácil hacer buenos planes y cumplirlos. Hace falta diligencia –algo que nos falta a los latinos. Sin embargo, la Palabra nos dice que hay un premio para la diligencia… Quizás valga la pena romper con nuestra cultura.
La Escritura nos dice: “Con Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo, ahora vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20). Podemos (y debemos) romper con nuestra cultura. Antes robábamos, ahora no lo hacemos más. Antes nos emborrachábamos, ahora nos llenamos del Espíritu Santo. Antes éramos desordenados, ahora somos hijos de Dios, ordenados, como nuestro Padre Celestial lo es.
Si usted quiere “vivir dignamente” debe tener un plan para controlar gastos. Por un lado debemos escribir en un papel exactamente cuánto nos provee Dios mes tras mes. Por el otro, debemos ponernos de acuerdo con nuestro cónyuge en cómo vamos a gastar esos recursos -cuánto vamos a gastar en la casa, el transporte, la comida, la ropa, el entretenimiento, los gastos misceláneos, etc.
Nuestro compromiso en Conceptos Financieros es guiarle y enseñarle los principios económicos de la Biblia. Le aseguramos que transformarán su vida. Le recomiendo que nos pida el librito “Guía para controlar sus gastos”, totalmente gratis. Le ayudará a ordenarse y a tomar control del dinero.
Si necesita ayuda, escriba a nuestra Oficina para Latinoamerica: Casilla 3010 – Ciudad de Guatemala. Nuestro correo electrónico: conceptosfinancieros@crown.org; en Internet: www.conceptosfinancieros.org
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